lunes, 2 de febrero de 2009

INAH, La fundación del INAH


ACTITUD XXI MAGAZINE MEXICO
La fundación del INAH
Mientras en el cine Odeón exhibían Sueños de juventud y la prensa daba cuenta del Primer Premio del Mundo a una película a colores de Ralph F. Gray que trataba de las fiestas mexicanas, el 3 de febrero de 1939 y con la toma de posesión de Alfonso Caso como su primer director, empezó a funcionar el Instituto Nacional de Antropología e Historia.

"Creado por la Ley Orgánica que a principios de este año aprobó el Congreso de la Unión viene a dar nueva vida —más intensa y libre— al viejo Departamento de Monumentos de la Secretaría de Educación Pública (SEP)", reseñó un diario de la época.

El Instituto nació por mandato del presidente Lázaro Cárdenas, con la misión de investigar, conservar y difundir el vasto patrimonio cultural de México, y con la vocación de propiciar el estudio científico de los grupos indígenas, que sirviera de base e inspiración de las acciones del Gobierno Federal para el mejoramiento económico y cultural de dichos pueblos.

De acuerdo con la Exposición de Motivos del Proyecto de Decreto, publicada el 21 de diciembre de 1938 en el Diario de Debates de la Cámara de Diputados, la instancia que hasta ese momento cumplía las funciones en materia de Arqueología e Historia, era el Departamento de Monumentos Artísticos, Arqueológicos e Históricos, dependiente de la Secretaría de Educación Pública.
Sin embargo, para finales de la década de los años 30 ya resultaba insuficiente, las funciones que debía cumplir eran muy amplias y extensas; la enorme riqueza en monumentos precortesianos y coloniales del país, su estado de ruina y dispersión, hacían indispensable mantener constante vigilancia, por tal motivo necesitaba más personal.

Además los trabajos de conservación de monumentos requerían que ese personal tuviera conocimientos científicos y artísticos; así también, los trabajos de investigación histórica, de personal sólido y debidamente preparado. Mientras que en el Departamento de Monumentos la plantilla era escasa.

Otro factor fundamental para la creación del Instituto fue la falta de recursos para lograr todo lo anterior. "Los recursos de la nación no pueden bastar para atender las necesidades del Departamento", destaca en la exposición de motivos, por lo tanto se hacía necesario crear una entidad que pudiera tener personalidad jurídica para gestionar recursos propios.

Destaca también la misión del INAH de acercar el conocimiento de su memoria histórica a todo público y hacer posible el goce y disfrute de la vasta riqueza del patrimonio cultural del país, incluido el turismo motivado por la cultura que además representa un elemento de desarrollo económico y social, así como medio estratégico para fortalecer los valores e identidad de las comunidades, y para la protección y puesta en valor de los bienes culturales.

Bajo dichas consideraciones, por ley fechada el 31 de diciembre de 1938 y promulgada el 3 de febrero de 1939, se creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia, como parte de la SEP, pero con personalidad jurídica y patrimonio propios para realizar las funciones de exploración de zonas arqueológicas del país, vigilancia, conservación y restauración de monumentos arqueológicos e históricos.

La realización de investigaciones científicas de carácter arqueológico, antropológico e histórico y la divulgación del patrimonio a través de publicación de obras relacionadas con dichas materias, exposiciones, y diversas actividades que permitan el conocimiento de esa riqueza a todo público.

Actualmente, esta institución tiene abiertos al público 114 museos en los 31 estados del país; así como 179 zonas arqueológicas. Cuenta con dos escuelas nacionales, una dedicada a la formación de especialistas en las disciplinas arqueológicas, antropológicas e históricas; y con una más especializada en la restauración y conservación del patrimonio cultural; además de una regional, en el estado de Chihuahua enfocada a la historia y la antropología.

La labor del Instituto también se ha traducido en ubicar a México en el primer lugar en América y el quinto en el mundo con el mayor número de sitios inscritos en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO —a la fecha ascienden a 29—, sólo después de Francia y Alemania, China, España e Italia.

La historia del INAH es larga y rica, también es apasionante y divertida a decir de la comunidad académica que lo integra. Son muchas las generaciones de hombres y mujeres que han entregado su vida completa al estudio del pasado mesoamericano.
Cabe destacar nombres como el de Alfonso Caso, quien descubriera durante los primeros días de 1932 la Tumba 7 de Monte Albán; la recuperación de la misma, así como la identificación étnica de los zapotecos y mixtecos prehispánicos quedó ligada a su nombre para siempre.

A Román Piña Chan, fallecido apenas en la década de los años 90, lo siguen estudiando y recordando los más jóvenes estudiantes de arqueología, a través del Simposio que lleva su nombre y donde las nuevas generaciones de la Escuela Nacional de Antropología e Historia tienen oportunidad de presentar sus noveles investigaciones.

El prehistoriador José Luis Lorenzo, quien aplicó las ciencias naturales en la arqueología, es referencia obligada para los que hoy se dedican al estudio de la prehistoria en México. Víctor Segovia descubrió los fenómenos de luz y sombra que aparecen durante los equinoccios en Dzibilchaltún, Yucatán, y pionero en los estudios de astronomía prehispánica, dejó muchos de sus conocimientos en alumnos como José Huchím, actual director de Uxmal, quien a la fecha continúa descubriendo la astronomía maya.

Las primeras mujeres que se atrevieron a emprende la osadía de trabajar solas en una zona arqueológica alejada da toda comodidad y con un grupo de hombres que no estaban acostumbrados a la presencia femenina, como Isabel Kelly, pusieron el ejemplo para que continuarán arqueólogas como Beatriz Braniff y en las más recientes generaciones Estela Martínez, quien además de sus investigaciones lleva a cabo un proyecto docente en campo con estudiantes de esa ciencia.

No se puede dejar de mencionar al arqueólogo Alberto Ruz Lhuillier, originario de Francia, pero mexicano por vocación y adopción, quien con la implantación del trabajo multidisciplinario, realizó en 1952 uno de los hallazgos más relevantes de los últimos tiempos: el de la tumba del soberano Pakal, al interior del Templo de las Inscripciones, en Palenque, Chiapas.

La formación de especialistas en antropología social aplicada se debe Fernando Cámara Barbachano, quien estableció en los años cincuenta las bases conceptuales, técnicas y éticas sobre las que hoy se desarrolla esta disciplina en México y gran parte de Latinoamérica.

A su vez, la instrucción de profesionales en antropología física ha sido posible a la incansable labor de Arturo Romano Pacheco, quien a lo largo de más de cuarenta años ha enriquecido los estudios de restos óseos humanos prehistóricos, prehispánicos y coloniales.

Sobresale además el papel del arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, como impulsor en 1991 del Programa de Arqueología Urbana, a través del cual se emprendieron las tareas de excavación del recinto sagrado de la antigua Tenochtitlan, mismo que continua vigente hasta hoy. Así como fundador en 1987 del Museo del Templo Mayor, bajo la premisa de brindar al público un panorama amplio sobre la cultura mexica, al integrar éste recinto a la zona arqueológica, lo que permitió generar una adecuada estrategia de difusión de los resultados del proyecto de investigación.

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